domingo, 20 de marzo de 2011

Lucille

                 

¿Sofista, nihilista, terrorista del pan
o simplemente un spam con la almohada off side?
No es por pura gola, es ciclotimia chill-out;
es quedar stand-by y ya nunca despertar.

Pues, aquí voy, hacia el seño fruncido del sol,
entre luces mortecinas y pasos sin son;
baches llenos de colillas: escorias de Dios.
La ingenua pitada y cáncer de pulmón.

La noche que sentí la Lucille de B. B. King:
un callejón, Roy kean, un scratchin’ y el Spleen.
Vivir sabiendo que siempre vas a estar ahí,
en gurí de lustre moña y amargo reír.

Dándole pecho al mismísimo Schopenhauer;
quisiera hacerle el provecho y olvidarlo en la calle.
¡Quiero ser Shi Huang Ti, las manos de Prometeo,
el morbo de Park Chan-Wook y no ser Odiseo!

Flores que abren, y polen cerastas a mi hiel.
Emana litio, mientras recuerdo Purple haze.
Un delay de psicodelia fundamentalista;
cierzo virgen que ya no manchará las cobijas.

Con vasto espacio vacío de ojos de niño;
cantinflear rellenos con bonito escrito.
Me acelero a cero hasta lamer ceniceros;
estoy dejando la piel en cualquier hormiguero.
  
Una celda, diez presos y el pecho como Becho
pero sigo firme y derecho por este trecho.
Como Julio Sosa, el varón más maricón;
cuando su boca, besaba en la boca al dolor.

Mi Ann Landers ya se fue, me refugio en la TV;
tropiezo con mis pies; me sigo viendo al revés.
¡Soy La naranja mecánica y voy por ti!
¡Soy un héroe pos-moderno, nada hago por mí!

Colgado a mi lado, sin pecado ni razón,
oscila Arquímedes tal péndulo de reloj.
Mi vida en un marco y en la pared de mi cuarto;
caso cerrado, diegético, y atiborrado.




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