lunes, 14 de marzo de 2011

Riestato



Cuando cesa la lluvia
galpón del dorado céfiro,
desnudas muñecas mutiladas
al adusto limo de lágrimas;
como filamentos corpóreos de abates perennes;
como crueldad apelmazada
arañando humo de las ásperas alcurnias.

¡Oh, RIESTATO!

Fondo fértil, marismas, huellas de niño;
desventura, fracaso, desavenencias perdidas:
angustia mamaria, licores tardíos.
Ese lugar como la palabra
“lugar”,
tan arraigada al espinazo volátil de la racionalidad,
al espinazo arrancado a la eternidad.
Desde el olor a masilla florecida,
hasta el eco vacío de cenizas deshilachadas
al rastro del viento;
como recordado recuerdo
dando puñetazos al viento.

¡Oh, RIESTATO!
Fuiste mi amigo cuando no tenía amigos.

Preámbulo ponzoñoso de rispidezes atónitas;
como esa utopía reaccionaria
y ese humanismo de requisa
involuntaria de linfáticas miradas,
tasando finas mansedumbres.


Sale el sol.
Vuelven las simetrías,
trazan las rectas temblando las aristas
al vuelo raso del ardiente asfalto.
No soy tan joven cuando la claridad
me delata puro de inhóspitos márgenes:
rieles a ese único bastión mesiánico,
donde a la llegada me hallaré regresando.

¡Oh, RIESTATO!
Ahora yaces en el galpón
y ya no “RÍES TANTO”.

Me acompaña el sol,
nos camina rojos y violentos.
Negro humo de camiones.
CALOR
INFIERNO
PATADA AL SUELO
CIELO

 


                                                                                 

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