sábado, 17 de diciembre de 2011

Libro CICLOTIMIA CHILL-OUT (Prólogo de Leonard Mattioli)



Prólogo:

Según la Real Academia Española, la ciclotimia es una suerte de psicosis maniaco-depresiva. Sin embargo, la psicología moderna dice que el trastorno ciclotímico es relativamente leve, en el cual el estado de ánimo oscila entre la leve depresión y la hipomanía, entre el bajón y la euforia. Vemos así, como la lengua formal, la aprobada y recetada por la Real Academia queda rápidamente obsoleta en la medida en que las palabras y los conceptos se usan, se aplican, se contrastan y por ende se enriquecen corrigiéndose, adaptándose, falseándose o comprobándose, transformándose en algo diferente a lo que eran en un origen.
No solo pasa con los conceptos, sino también con el resto de las palabras, los artículos, por ejemplo “del” es obviamente una abreviatura que proviene de la unión entre “de” y “el”. Así llegamos desde la observación participante de la lengua a comprender como está viva, como ésta se adapta, como para funcionar tiene que poder dar cuenta de la realidad (de la realidad de lo que se piensa y se quiere trasmitir, no me refiero a lo fáctico externo), y como ésta última es cambiante, dinámica, la lengua también tiene que serlo. El sesgo formal de cualquier mirada implica que la norma condiciona y pauta la acción, en este caso la norma corre de atrás, y a duras penas se actualiza. Así nos encontramos con el trabajo de Santiago, textos cargados de palabras híbridas, perfectamente entendibles, que son hijas de la globalización, de los flujos de información, de esa realidad que no se puede negar, y que con sus pros y sus contras nos define, nos identifica y nos comparte.
Durante la última dictadura militar que sufrió el país se intentó implementar una política lingüística de corte duro (duro, como casi todo lo implementado en esas épocas). Iba dirigida contra la cultura de frontera, contra el portuñol, y como cualquier ataque contra una forma de hablar, iba dirigida contra sus hablantes. Se decía que había que hablar “bien” el castellano, se prohibía el sincretismo, el mestizaje lingüístico en cualquier oficina pública, en cualquier dependencia estatal… Y desde los medios -y principalmente desde la escuela- se intentó arrinconar al portuñol. Los años de plomo pasaron, y el portuñol resistió, siguió viviendo, siguió moviéndose. Lo que nunca llegaron a entender esos hombres de verde y sus seguidores es que las lenguas vivas son las que se mueven, las que se transforman, las que se mezclan; las estáticas, las anquilosadas son las lenguas muertas, las que ya no hablan, ya no dicen nada sobre el ahora o el mañana, solo dan cuenta de lo que fue, y para acceder a ellas es necesario la intermediación de un experto.
Era la segunda vez que en Uruguay se ensayaba un intento de política lingüística: la primera había sido durante otros tiempos duros, durante el militarismo, la implantación de la escuela pública entre tantas otras cosas fue parte de la conquista de los territorios al norte del Río Negro por el castellano, contra el portugués.
Ciclotimia Chill-Out se mueve en este mundo de idiomas/lenguas vivas, que fluyen con información de acá para allá, que potencian tanto lo global como lo local, que fomenta las identidades guionadas. Juega con las ideas de movimiento y quietud, juega con las puntas, con los opuestos. Cargados de música de forma explícita, los textos me hacen pensar inmediatamente en ritmo, ritmo anárquico, donde la música es creada no solo por sonidos tradicionales de instrumentos sino también por la propia ciudad. En esta suerte de ciudad Google en la que todos habitamos, y a la vez en ésta Montevideo donde solo habitamos nosotros, el millón y medio que aquí vive. La ciudad Google es aquella que nos permite descubrir rápidamente quien era Qin Shi Huang sin salir del sofá, y pensar en él mientras camino por el Prado, Montevideo es ese Prado, y no otro, o esa rambla, es ese olor a garrapiñada, o ese viento que se cuela entre las calles de Sur y Palermo escapando del mar marrón llamado Río de la Plata.
Recorro los distintos poemas, me suenan a rap, sí, los releo y no dejo de pensar en el bombo pegando en la primer palabra, esa técnica que heredamos de James Brown de hacer que el baile comience en el uno, el ritmo comience en el uno, el universo comience en el uno. Como no puedo desasociar a la música de estos versos, tampoco puedo desprenderlos de su contexto; un contexto gigante, que los permea, si fuera un blog serían entradas llenas de hipervínculos, de citas a pie de página, de referencia a autores, a influencias, a tesoros que forman una cosmovisión compleja y vasta en este mundo creado por Santiago. Como en la obra maestra de Cortázar, los textos de Ciclotimia Chill-Out están cargados de referencia, son una obra en sí mismos, pero también son un puente, un puente para seguir caminando, recorriendo otros lugares, otras cosmovisiones. 

 Leonard Mattioli
–latejapride-

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